mo, mi querido mo... Aún busco tu aliento tan cercano...
la cercanía de tu cuerpo. La ronda del ronroneo cercando mi sueño...custodiando mi tristeza... mi soledad de siempre... esa que compartía solo contigo...
miércoles, 27 de octubre de 2010
miércoles, 6 de octubre de 2010
Balada para el niño "Kron"
SEGURAMENTE -creo recordar- fuera verano. Uno de esos veranos plomizos y espesos tan propios de esta ciudad contradictoria, cercana a un mar que sólo se intuye. Tal vez fuera incluso agosto -un agosto lleno de prodigios y calles desiertas y risas reunidas en torno a una plaza cercana- y la luna se conjurara con el destino para que los pasos alegres de una joven se detuvieran justamente en aquel contenedor de basuras al que te habían arrojado para convertirte de inmediato en un desecho más, despojado de nombre, de futuros instantes, de razones. Tú, que apenas contabas con dos o tres semanas de una vida recién estrenada, y con tus pequeños pulmones para defenderla, para aullar y espantar la mala muerte.
Diecisiete años separan aquella noche de este día de hoy en que ya te has convertido en el pasado que recuerdo.
Te llamaron Kron (niño Kron), creo que en honor de ese dios guerrero y combativo que llevabas dentro. Negro azabache, rechoncho como cualquier cachorro alimentado por buenas manos -unas manos llenas de buen amor, tan distintas a aquellas otras amargas y terribles que te expulsaron-, chucho entre los chuchos, creciste como hubiera crecido un niño en esta ciudad hace cincuenta años, a medio camino de casa y de la calle, alegre, despreocupado, autodidacta, dueño de sí mismo y de sus grandes afectos, libre como un perro callejero que no arrastró nunca como una mala sombra la tristeza de estar solo.
Creo recordar -recuerdo- que hubo muchos veranos tras aquel plomizo agosto, llenos de vida para ti y para nosotros, que fuimos los mejores amigos que pudiste tener en esta ciudad tan contradictoria que nos reunió a todos -perros y personas- en torno a aquella plaza para fundar instantes, breves, luminosos, llenos de memoria
Diecisiete años separan aquella noche de este día de hoy en que ya te has convertido en el pasado que recuerdo.
Te llamaron Kron (niño Kron), creo que en honor de ese dios guerrero y combativo que llevabas dentro. Negro azabache, rechoncho como cualquier cachorro alimentado por buenas manos -unas manos llenas de buen amor, tan distintas a aquellas otras amargas y terribles que te expulsaron-, chucho entre los chuchos, creciste como hubiera crecido un niño en esta ciudad hace cincuenta años, a medio camino de casa y de la calle, alegre, despreocupado, autodidacta, dueño de sí mismo y de sus grandes afectos, libre como un perro callejero que no arrastró nunca como una mala sombra la tristeza de estar solo.
Creo recordar -recuerdo- que hubo muchos veranos tras aquel plomizo agosto, llenos de vida para ti y para nosotros, que fuimos los mejores amigos que pudiste tener en esta ciudad tan contradictoria que nos reunió a todos -perros y personas- en torno a aquella plaza para fundar instantes, breves, luminosos, llenos de memoria
miércoles, 7 de julio de 2010
La lista de Schindler
PUEDE QUE YA ESTÉN en Alemania, a donde iban a ser trasladados para evitar que aquí, en Canarias, acabasen "eutanasiados", que suele ser, lamentablemente, el destino de los animales libres. No son los primeros. "Garbancito", "Chatarrita" y "Felipe" se sumarán a muchos otros perros y gatos exiliados que hoy residen en Europa, cuyos ciudadanos, en lo concerniente a la sensibilidad, respeto y deberes que asumen con lo que en España consideramos tan sólo mascotas, demuestran situarse a años luz de nuestra barbarie y de nuestra ignorancia. Como si de una particular lista de Schindler se tratara, cientos de "sin techo" cruzan la frontera para ser acogidos y salvarse del exterminio. Gracias a personas que saben, que quieren, que aprenden, que conviven y que agradecen la generosidad venga de donde venga.
El caso particular de estos tres gatos es esperpéntico. El Cabildo de Gran Canaria no perdió ni un segundo en plantearse algo tan irrelevante; bastó con que le instará a ello la dirección de la residencia de mayores de Taliarte (Gran Canaria), que previamente ya había considerado igualmente irrelevante que los residentes en el centro hallasen en "Garbancito", "Chatarrita" y "Felipe" una amistad más valiosa que cualquier reconstituyente, que cualquier tratamiento farmacológico e, incluso, que cualquier afecto ficticio y remunerado. Que encontrasen así, sin planificación y sobre todo sin permiso, una razón importante para caminar a su encuentro, un motivo de alegría. Como si la alegría fuera irrelevante...
Y afirmarán muchos que alguna razón habría para determinar la expulsión categórica de los mininos: varios (uno o dos) empleados del centro se quejaron de alergias, provocadas, al parecer, por su sola presencia. Y no lo pongo en duda; hay personas que se ronchan nada más pensar que "simples" animales pueden sanar lo que ellos ignoran, lo que ellos no ven, lo que para ellos no existe, y no cobrar por ofrecerse, por darse. Para mí, los que piensan así sí que son simples y asusta estar en tales manos.
Ya lo dijo Saramago, es hora de perder la paciencia.
El caso particular de estos tres gatos es esperpéntico. El Cabildo de Gran Canaria no perdió ni un segundo en plantearse algo tan irrelevante; bastó con que le instará a ello la dirección de la residencia de mayores de Taliarte (Gran Canaria), que previamente ya había considerado igualmente irrelevante que los residentes en el centro hallasen en "Garbancito", "Chatarrita" y "Felipe" una amistad más valiosa que cualquier reconstituyente, que cualquier tratamiento farmacológico e, incluso, que cualquier afecto ficticio y remunerado. Que encontrasen así, sin planificación y sobre todo sin permiso, una razón importante para caminar a su encuentro, un motivo de alegría. Como si la alegría fuera irrelevante...
Y afirmarán muchos que alguna razón habría para determinar la expulsión categórica de los mininos: varios (uno o dos) empleados del centro se quejaron de alergias, provocadas, al parecer, por su sola presencia. Y no lo pongo en duda; hay personas que se ronchan nada más pensar que "simples" animales pueden sanar lo que ellos ignoran, lo que ellos no ven, lo que para ellos no existe, y no cobrar por ofrecerse, por darse. Para mí, los que piensan así sí que son simples y asusta estar en tales manos.
Ya lo dijo Saramago, es hora de perder la paciencia.
jueves, 17 de junio de 2010
martes, 15 de junio de 2010
martes, 13 de abril de 2010
miércoles, 3 de febrero de 2010
Leopardos
Es difícil encontrar una belleza más salvaje y auténtica que la que exhiben estos grandes felinos.
Nuestra mirada, tan domesticada, los mira parcialmente sin poder abarcar todo lo que representan. Entre el asombro y la incredulidad, admiramos. Poco más...
A medio camino de olvidar definitivamente nuestros vínculos e instintos, este breve contacto con lo indomable nos abre los ojos ante horizontes que nunca podremos conquistar, por que están fuera de nuestro alcance (así lo espero).
martes, 2 de febrero de 2010
El tiburón zorro
Malapascua (Filipinas), 2 feb (EFE).- El tiburón zorro, en grave peligro de extinción y muy difícil de observar en mar abierto, ha encontrado en una remota isla filipina un santuario donde el único ser humano que le molesta es algún submarinista desaprensivo.
A salvo de los pescadores que lo cazan para vender sus aletas a restaurantes chinos, el escualo nada sin miedo por las profundas aguas de Malapascua, a la que hace cinco años llegó un científico británico que se propuso encabezar la primera iniciativa seria para preservar al animal en el segundo mayor archipiélago del mundo.
Simon Oliver es el fundador del Proyecto para el Estudio y la Conservación del Tiburón Zorro (TSRCP) de Filipinas, que se encarga de fomentar la preservación y observar el comportamiento del animal, también llamado zorro marino y conocido por su larga cola.
Después de un lustro en Malapascua y hasta hace muy poco sin ayudas de instituciones tanto locales como extranjeras, el TSRCP ha logrado que la isla haya pasado de mero paraíso del buceo a un área protegida para el escualo.
Oliver y su equipo de voluntarios han conseguido que todos los operadores de submarinismo exijan a sus clientes que cumplan normas para no perturbar a los tiburones, como no intentar tocarlos, nadar a su lado o dañar el coral mientras esperan a verlos emerger del abismo.
La organización también ha convencido a los lugareños de que es potencialmente más lucrativo proteger al animal como reclamo turístico que seguir haciendo la vista gorda con los pescadores que se empeñan en amputarles la cola para la sopa.
"Un tiburón que es visto cada día por una media de tres turistas genera unos seis millones de pesos (128.470 dólares) en ingresos anuales, mucho más que los 8.000 pesos (171 dólares) que se pagan en el mercado por el escualo muerto", explica a Efe el responsable de TSRCP.
Hace dos años, grupos de aficionados al buceo denunciaron la venta de carne de zorro marino en el popular lonja de Batangas, al sur de Manila.
El mercado, uno de los mayores de Filipinas, es frecuentado por mayoristas filipinos de origen chino con contactos en Hong Kong y Taiwán, donde la demanda de carne de tiburón en general es altísima y en particular la cola del zorro es considerada una exquisitez culinaria.
Las autoridades inicialmente echaron balones fuera pero tras la presión de Oliver y los ecologistas, el Gobierno filipino decidió incluir al zorro marino junto al tiburón ballena en su escueta relación de especies cuya caza está prohibida por ley y castigada con severas multas.
"Fue un hito para nosotros, y espero que algún día otros países sigan el ejemplo", señala el biólogo marino galés.
Las tres subespecies de tiburón zorro (alopiidae) se hallan en la "lista roja" de animales en peligro de extinción de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, que advierte de que desaparecerán para siempre si no se pone freno a la pesca abusiva.
Además, todos los escualos pelágicos tienen una tasa de fecundidad muy baja, lo que dificulta aún más restablecer sus poblaciones.
El zorro marino común (alopias vulpinus) puede llegar a medir hasta seis metros de largo desde la punta de su hocico hasta el extremo de la puntiaguda aleta caudal.
Su característica distintiva es precisamente esta descomunal cola en forma de hoz, que mide lo mismo que el resto del cuerpo y emplea para desplazarse con más rapidez y como principal arma para capturar sus presas.
Este tiburón habita las aguas tropicales de todos los océanos, pero su extrema timidez y costumbre de alimentarse lejos de la costa hacen casi imposible que pueda ser observado por los submarinistas, que en Malapascua tienen una oportunidad casi única en el mundo para admirar a los escualos en mar abierto.
A salvo de los pescadores que lo cazan para vender sus aletas a restaurantes chinos, el escualo nada sin miedo por las profundas aguas de Malapascua, a la que hace cinco años llegó un científico británico que se propuso encabezar la primera iniciativa seria para preservar al animal en el segundo mayor archipiélago del mundo.
Simon Oliver es el fundador del Proyecto para el Estudio y la Conservación del Tiburón Zorro (TSRCP) de Filipinas, que se encarga de fomentar la preservación y observar el comportamiento del animal, también llamado zorro marino y conocido por su larga cola.
Después de un lustro en Malapascua y hasta hace muy poco sin ayudas de instituciones tanto locales como extranjeras, el TSRCP ha logrado que la isla haya pasado de mero paraíso del buceo a un área protegida para el escualo.
Oliver y su equipo de voluntarios han conseguido que todos los operadores de submarinismo exijan a sus clientes que cumplan normas para no perturbar a los tiburones, como no intentar tocarlos, nadar a su lado o dañar el coral mientras esperan a verlos emerger del abismo.
La organización también ha convencido a los lugareños de que es potencialmente más lucrativo proteger al animal como reclamo turístico que seguir haciendo la vista gorda con los pescadores que se empeñan en amputarles la cola para la sopa.
"Un tiburón que es visto cada día por una media de tres turistas genera unos seis millones de pesos (128.470 dólares) en ingresos anuales, mucho más que los 8.000 pesos (171 dólares) que se pagan en el mercado por el escualo muerto", explica a Efe el responsable de TSRCP.
Hace dos años, grupos de aficionados al buceo denunciaron la venta de carne de zorro marino en el popular lonja de Batangas, al sur de Manila.
El mercado, uno de los mayores de Filipinas, es frecuentado por mayoristas filipinos de origen chino con contactos en Hong Kong y Taiwán, donde la demanda de carne de tiburón en general es altísima y en particular la cola del zorro es considerada una exquisitez culinaria.
Las autoridades inicialmente echaron balones fuera pero tras la presión de Oliver y los ecologistas, el Gobierno filipino decidió incluir al zorro marino junto al tiburón ballena en su escueta relación de especies cuya caza está prohibida por ley y castigada con severas multas.
"Fue un hito para nosotros, y espero que algún día otros países sigan el ejemplo", señala el biólogo marino galés.
Las tres subespecies de tiburón zorro (alopiidae) se hallan en la "lista roja" de animales en peligro de extinción de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, que advierte de que desaparecerán para siempre si no se pone freno a la pesca abusiva.
Además, todos los escualos pelágicos tienen una tasa de fecundidad muy baja, lo que dificulta aún más restablecer sus poblaciones.
El zorro marino común (alopias vulpinus) puede llegar a medir hasta seis metros de largo desde la punta de su hocico hasta el extremo de la puntiaguda aleta caudal.
Su característica distintiva es precisamente esta descomunal cola en forma de hoz, que mide lo mismo que el resto del cuerpo y emplea para desplazarse con más rapidez y como principal arma para capturar sus presas.
Este tiburón habita las aguas tropicales de todos los océanos, pero su extrema timidez y costumbre de alimentarse lejos de la costa hacen casi imposible que pueda ser observado por los submarinistas, que en Malapascua tienen una oportunidad casi única en el mundo para admirar a los escualos en mar abierto.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Este ha sido un año más sin ti, querido Mo. Ha sido un año de anclajes y reorientaciones. De tristezas y redescubrimientos. De pequeñas alegrías que a mí me han sabido a sorbos de felicidad rotunda. Ha sido un año de recuerdos, de noolvidos, de añoranzas propias. Ya sabes como soy y como me apego a mis apegos. No dejo que me suelten, de alguna manera me recuerdan quién voy siendo. Sobra decir que te echo de menos. Echo de menos el calor de tu presencia, el rumor de tus pasos, tus persecuciones, tus besos, tus abrazos. El mirarte mientras duermes. El hallarte siempre cuando nadie más sabía estar...
Te mantengo intacto. Te evoco siempre. Ahora que los pasillos de la casa los recorre Abril, me extraña darme cuenta cuán diferentes somos todos. La alegría de convivir con un animal es infinita. Ya sabes también de mi naturaleza... Deseo concluir este año dándote las gracias por amarme como lo hiciste y mostrarme tantas cosas invisibles... y quiero comenzaerlo igual. La última noche de 2009, luna llena, brindaré por ti, vida mía.
Te mantengo intacto. Te evoco siempre. Ahora que los pasillos de la casa los recorre Abril, me extraña darme cuenta cuán diferentes somos todos. La alegría de convivir con un animal es infinita. Ya sabes también de mi naturaleza... Deseo concluir este año dándote las gracias por amarme como lo hiciste y mostrarme tantas cosas invisibles... y quiero comenzaerlo igual. La última noche de 2009, luna llena, brindaré por ti, vida mía.
viernes, 23 de octubre de 2009
Memorias de un perro amarillo (O. Henry)
Nací cachorro amarillo; con fecha, localidad, pedigrí y pesos desconocidos.
Mi primer recuerdo es que una vieja me tenía dentro de una cesta en la esquina de Broadway con la calle Veintitrés, tratando de venderme a una señora gorda. La vieja Mamá Hubbard se dedicana a hacerme publicidad sin límites, anunciándome como un genuino fox-terrier de Stoke Poges, de origen pomeaniohambletonio, chino, hindú y rojo irlandés. La mujer gorda empezó a rebuscar un billete de cinco dólares entre las cosas que llevaba en el coche hasta que logró cazarlo.
Desde aquel momento me convertí en una mascota; en el caprichito de mamá. Dígame usted, querido lector, ¿le ha cogido a ested alguna vez una mujer de noventa kilos, echándole el aliento con aroma de Camembert y Peau d'Espagne y restregándole la nariz por todo el cuerpo, al tiempo que repetía sin cesar: "¿Quién es la cosita más chiquita y más preciosa de su amita?"
Pero después de ser un cachorro amarillo con pedigrí pasé a ser un anónimo chcho amarillo que parecía un cruce de gato de Angora con una caja de limones.
La casa donde vivía era del tipo más común en Nueva York. Había que subir... bueno, más bien trepar tres tramos de escaleras hasta nuestro hogar. Mi ama lo alquiló sin amueblar, y lo decoró con los elementos habituales: tresillo tapizado estilo 1902, un cuadro al óleo que representaba a unas gieshas en un salón de té de Harlem, plantas artificiales y un marido.
¡Por Sirius!, qué pena me daba aquel pobre bípedo. Era un hombre pequeño, con pelo y patillas color de arena, muy semejantes a las mías. Secaba los platos y escuchaba a mi ama contarle lo baratas y andrajosas que eran las ropas tendidas por la vecina del segundo, la del abrigo de ardilla. Y todas las noches, mientras ella preparaba la cena, lo obligaba a sacarme de paseo atado al extremo de una correa.
Si los hombres supiesen cómo algunas mujeres pasan el tiempo cuando están solas no se casarían jamás. Crema de almendras sobre los músculos del cuello, comiendo cacahuetes, los platos sin fregar, media hora de cháchara con el hombre del hielo, lectura de un montón de cartas viejas, un par de tapas de escabeche y dos botellas de extracto de malta, una hora entera mirando furtivamente el piso del otro lado del patio por un agujero de la ventana... y poco más queda por contar... Veinte minutos antes de que ellos lleguen del trabajo se apresuran a a rreglar la casa, cambiar la cara para no dejar traslucir su holgazanería, y sacar gran cantidad de labores de costuras para hacer un paripé de diez minutos.
Llevaba yo una vida perra en aquel piso. La mayor parte del día me la pasaba tumbado allí, en mi rincón, viendo cómo aquella mujer gorda mataba el tiempo. A veces me dormía y tenía sueños imposibles en los que perseguía a gatos por los sótanos y gruñía a viejas de negros mitones, tal y como se supone que debe hacer un perro. Entonces ella se cernía sobre mí y me lanzaba una de aquellas sartas de cursilerías de caniche y me besaba en el hocico, pero ¿qué podía hacer yo? Un perro no puede mascar ajos para defenderse.
Empecé a sentir compasión por el Maridito, ¡se lo juro por mis gatos! Nos parecíamos tanto que la gente se daba cuenta cuando salíamos, y así andábamos desconcertados por las calles.
Una tarde en que íbamos paseando, como digo, y yo intentaba paracer un Sa Bernardo con premio, y el buen viejo pretendía simular que no había asesinado al primer organillero al que se le ocurriese tocar la marcha nupcial de Mendelssohn, miré a mi amo y le dije a mi manera:
-¿Por qué te amargas la vida, tú, soldado británico con galones de estopa? A ti jamás te besa. No tienes que sentarte en tu regazo y escuchar su charla. Tendrías que estar agradecido por no ser un perro.
El desdichado cónyuge me miró con una mirada de inteligencia casi canina.
-¡Ay, perrito¡ -dijo-. Perrito bueno. Casi parece como si fueras capaz de hablar. ¿Qué te pasa, perrito, hay gatos?
¡Gatos!... Naturalmente, no podía entenderme...
Una tarde, alredeor de las seis, mi ama le ordenó que se pusiese en acción y relizase el acto de oxigenar a "Bello". He tratado de mantenerlo oculto hasta ahora, pero así es como me llamaba...
Y yo... algo tenía que hacer para animar a Maridito. En un lugar tranquilo de una calle sin peligros tiré de la correa de mi guardián frente a una atractiva y refinada cantina. Me lance como una flecha furiosa hacia las puertas, gimiendo como un perro que pretende comunicar el mensaje de que la pequeña Alice acaba de hundirse en el lodo mientras está recogiendo lilas en el arroyo.
-caray, ¿quéven mis ojos? -dijo el viejo con un remedo de sonrisa-; que Dios me prive de la vista si este chucho azafrán hijo de limonada con sifón, no me está pidiendo que me tome una copa. Vamos a ver, ¿cuánto tiempo hace que no me ahorro suela de zapato apoyándola en la barra de un bar? Me parece que...
Comprendi que ya estaba en mis manos. Pidio whisky a palo seco.
Y cuando hubo agotado todos los productos escoceses, excepto el pan de centeno, el viejo me desató de la pata de la mesa y me sacó jugueteando a la calle.
-Pobre perrito -dijo-; mi buen perrito. Ella no volverá a besarte nunca más. Sería una vergüenza. Mi buen perrito, aléjate, déjate pillar por un tranvía y sé feliz.
Me negué a marcharme. Salté y retocé alrededor de sus piernas, tan feliz como un doguillo en una alfombra.
-Óyeme bien viejo, viejo cazador de marmotas con cerebro de mosquito -empecé a decirle-, tú, viejo sabueso aullalunas, ¿es que no te das cuentas de que no quiero abandonarte? ¿No te das cuenta de que los dos somos cachorros perdidos en el bosque y que el ama es el tío cruel que te persigue a ti con el trapo de secar los platos y a mí con el linimento matapulgas y un lacito rosa para atármelo al rabo¿ ¿por qué no cortar con eso para siempre y ser compañeros hasta la muerte?
-Perrito -repuso al fin-, no vivimos más que una vez. Si vuelvo a ver ese apartamento en mi vida es que soy un fracasado, y si lo vuelves a ver tú es que ers un lameculos, y no hablo en broma.
Ya no había correa, me fui rotando junto a mi amo.
Al llegar a la orilla del Jersey, mi amo le dijo a un forastero que estaba allí de pie comiendo un bollo recién hecho:
-Yo y mi perrito nos dirigimos a las montañas Rocosas.
Pero cuando más dichoso me sentí fue cuando mi viejo me tiro de las dos orejas hasta que aullé, y dijo:
- Óyeme bien, cabeza de mono, ¿sabes cómo te voy a llamar?
Me acordé de "Bello" y gemí lastimeramente.
-Te llamaré "Pedrito" -dijo mi amo. Y yo si hubiera tenido cinco colas no habría tenido suficientes para agitarlas celebrando merecidamente el hecho.
jueves, 22 de octubre de 2009
La sordera
AL SER HUMANO le cuesta escuchar, y por ende escucharse a sí mismo. Rinde culto al ruido, pero no aprecia el sonido, la melodía, el silencio;le molesta la interferencia ajena, pero con la misma elogia la palabra fácil, sin sustancia; se deja seducir por las alabanzas que nutren el ego o la soberbia, pero digiere con dificultad las críticas o la verdad de los otros que no son él; pretende conocer el mundo, resolver las ecuaciones diarias, pero no tiene tiempo para detenerse en las interrogaciones o en las dudas. El ser humano no sabe escuchar. O no quiere. O no le hace falta. El ser humano está solo porque ha olvidado demasiadas cosas en un trayecto que no tiene destino. Y corre el riesgo de quedarse sordo. Definitivamente. No tengo el gusto de conocer en persona a Alberto Vázquez-Figueroa; no me he acercado a su extensa obra literaria; sin embargo, qué placer tan enriquecedor escucharlo. Detenerse en sus palabras llenas de ideas, de anécdotas, de aventuras, de vivencias, de entusiasmo, de esperanza, de franca denuncia. Si tuviera la suerte de encontrármelo, por ejemplo, en cualquier pueblecito, mientras cae la tarde, o la noche, o la mañana, lo retendría en el banco de piedra; me sentaría a su lado; esperaría entonces como lo hacen los niños, con algo de impaciencia, a que poco a poco rompiera él mismo su silencio y me fuera explicando despacito cómo es eso de que el agua nos pertenece a todos y hay ingenios capaces de devolvernos la vida sin pagar por su avaro goteo;él lo ha visto, lo ha ideado en su cabeza, lo ha explicado otras veces, entusiasmado, con las manos extendidas generosamente. Le preguntaría al rato, ya en confianza, por esos artilugios denominados redes pararrayos tan eficaces para evitar que los bosques, que no son nuestros, no sufran año tras año la voracidad de los incendios. Y me hablaría, seguro, del mar y de África y también de la sordera. Y lo escucharía con los ojos llenos de asombro y gratitud. Como quien recibe una lección que lleva años esperando...
martes, 28 de julio de 2009
Aniversario
El pasado día 10 tu ausencia cumplió tres años. Tres años hace que me invento tu sombra en mis pasillos. Tres años hace que mi olvido no te olvida. Tres años hace que mis manos rozan tu lugar en mi cama. Tres años hace que, incrédula, preguntó atus ojos azules si es verdad que no he de volver a verte. Ahora el dolor duele menos. Es pura y simple costumbre. Viajas conmigo a todos esos paisajes queridos. Aspiro el aire de la noche como lo harías tú: como un oso alzado que otea el horizonte. Y siento tu ternura intacta. Tu amor. Tu reflexión. Tu paciencia. Tres años hace que dialogo con el silencio y lleno páginas en blanco para nombrarte. Quien sepa de mí sabrá que tú, gato Mo, Plin, querido animal, eres la llave que me abrió.
sábado, 20 de junio de 2009
miércoles, 10 de junio de 2009
Sabiduría canina
Aprende a actuar con sabiduría canina:
1. Nunca dejes pasar la oportunidad de salir a pasear.
2. Experimenta la sensación del aire fresco y del viento en tu cara sólo por placer.
3. Cuando alguién a quien amas se aproxima, corre para saludarlo(a).
4. Cuando haga falta, practica la obediencia.
5. Deja que los demás conozcan cuándo están invadiendo tu territorio.
6. Siempre que puedas, échate una siesta y estírate antes de levantarte.
7. Corre, salta y juega diariamente.
8. Sé siempre leal.
9. Come con gusto y con entusiasmo, pero detente cuando ya estés satisfecho.
10. Nunca pretentas ser algo que no eres.
11. Si lo que deseas está enterrado, cava hasta encontrarlo.
12. Cuando alguién tenga un mal día, guarda silencio, siéntate cerca de él(ella) y trata de agradarlo(a).
13. Cuando quieras llamar la atención, deja que alguién te toque.
14. Evita morder por cualquier problema.
15. En los días cálidos, acuéstate sobre tu espalda en el prado.
16. En los días de más calor, bebe mucha agua y descansa bajo un árbol frondodo o en tu rinconcito preferido.
1. Nunca dejes pasar la oportunidad de salir a pasear.
2. Experimenta la sensación del aire fresco y del viento en tu cara sólo por placer.
3. Cuando alguién a quien amas se aproxima, corre para saludarlo(a).
4. Cuando haga falta, practica la obediencia.
5. Deja que los demás conozcan cuándo están invadiendo tu territorio.
6. Siempre que puedas, échate una siesta y estírate antes de levantarte.
7. Corre, salta y juega diariamente.
8. Sé siempre leal.
9. Come con gusto y con entusiasmo, pero detente cuando ya estés satisfecho.
10. Nunca pretentas ser algo que no eres.
11. Si lo que deseas está enterrado, cava hasta encontrarlo.
12. Cuando alguién tenga un mal día, guarda silencio, siéntate cerca de él(ella) y trata de agradarlo(a).
13. Cuando quieras llamar la atención, deja que alguién te toque.
14. Evita morder por cualquier problema.
15. En los días cálidos, acuéstate sobre tu espalda en el prado.
16. En los días de más calor, bebe mucha agua y descansa bajo un árbol frondodo o en tu rinconcito preferido.
jueves, 30 de abril de 2009
CALLEJERO
HASTA HACE poco tiempo uno se podía tropezar con tu paso alegre en cualquier calle de cualquier pueblo o ciudad. Llegabas normalmente solo, moviendo el rabo. Olisqueabas las bolsas de basura, marcabas tus esquinas, te parabas en los portales abiertos donde los niños jugaban para contagiarte con su risa de buenos augurios con los que combatir el hambre. Todos te conocían. Eras el canelo, el sato, el callejero. El que acompañaba siempre a doña Juana hasta la puerta de su casa. El que se apostaba a los pies de Andresito el “borrachín” para velar su sueño. El que ladraba cuando los extraños irrumpían en la plaza del barrio con su desasosiego. El que presentía la muerte de los otros. El que primero recibía la pedrada.
El destino de tus noches y tus días no se dejaba amarrar a un extensible ni tenían dueño tus afectos, regalados sin usura a los que, como tú, nada tenían.
Ahora pareces extinguido. No hay rastro de tu huella en mi mundo. Te han exiliado de las calles de estas islas y te han cambiado el nombre. Poco a poco te han convertido en un triste “animal de compañía” por el que nadie paga y al que muchos abandonan como a un trasto que no sirve. Tú, sato, canelo, querido callejero, permaneces en las perreras (ahora refugios) a la espera de que alguien sepa leerte el alma.
Mientras, nosotros, los humanos, nos llenamos la boca y hablamos de derechos, incluso de los tuyos. Pero cuentan que hace dos semanas un hombre tiró a la “mascota” de su novia por un puente, aquí, en Santa Cruz, cerquita del antiguo cine Greco. Cuentan que esa “mala bestia” se subió luego tranquilamente a una guagua. Cuentan que los aullidos del pobre animal agonizante se prolongaron toda la noche y que nadie, nadie, acudió.
El destino de tus noches y tus días no se dejaba amarrar a un extensible ni tenían dueño tus afectos, regalados sin usura a los que, como tú, nada tenían.
Ahora pareces extinguido. No hay rastro de tu huella en mi mundo. Te han exiliado de las calles de estas islas y te han cambiado el nombre. Poco a poco te han convertido en un triste “animal de compañía” por el que nadie paga y al que muchos abandonan como a un trasto que no sirve. Tú, sato, canelo, querido callejero, permaneces en las perreras (ahora refugios) a la espera de que alguien sepa leerte el alma.
Mientras, nosotros, los humanos, nos llenamos la boca y hablamos de derechos, incluso de los tuyos. Pero cuentan que hace dos semanas un hombre tiró a la “mascota” de su novia por un puente, aquí, en Santa Cruz, cerquita del antiguo cine Greco. Cuentan que esa “mala bestia” se subió luego tranquilamente a una guagua. Cuentan que los aullidos del pobre animal agonizante se prolongaron toda la noche y que nadie, nadie, acudió.
jueves, 23 de abril de 2009
Abril
Abril la hemos llamado.
Querido Mobutu, Ana y yo tenemos en casa un trasto peludo de dos meses que se antoja va a ser más cafre que tú. Por lo pronto, sólo lleva un día con nosotras, pero creo que se va a quedar. Es excesivamente mimosa. Ya sabes, la separaron de su madre, y su antigua dueña, que al parecer la quería mucho, tuvo que elegir entre ella y su pareja. Cosas de humanos. Inexplicables. Pero bueno, el azar no las ha traído. El azar y Ana, que la escondió bajo la manta del sofá y me dio una sorpresa, ella, la más reticente a tener un nuevo animal después de ti.
Espero que estés donde estés nos eches un mano con esta "panchita". Ojalá sepamos cuidarla, porque quererla, ya la queremos. Tú nos enseñaste muy bien. Nos abriste el corazón de par en par. Te queremos. Siempre.
Querido Mobutu, Ana y yo tenemos en casa un trasto peludo de dos meses que se antoja va a ser más cafre que tú. Por lo pronto, sólo lleva un día con nosotras, pero creo que se va a quedar. Es excesivamente mimosa. Ya sabes, la separaron de su madre, y su antigua dueña, que al parecer la quería mucho, tuvo que elegir entre ella y su pareja. Cosas de humanos. Inexplicables. Pero bueno, el azar no las ha traído. El azar y Ana, que la escondió bajo la manta del sofá y me dio una sorpresa, ella, la más reticente a tener un nuevo animal después de ti.
Espero que estés donde estés nos eches un mano con esta "panchita". Ojalá sepamos cuidarla, porque quererla, ya la queremos. Tú nos enseñaste muy bien. Nos abriste el corazón de par en par. Te queremos. Siempre.
viernes, 20 de marzo de 2009
La voz a ti debida (Pedro Salinas)
No quiero que te vayas,
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.
jueves, 19 de febrero de 2009
Inicié este viaje para conjurar tu ausencia. Para intentar establecer un equilibrio entre mi dolor y tu recuerdo. Para salvarte de mi olvido imposible y no condenarte al perpetuo recuerdo. Inicie este camino ya cansada de buscarte en mis pasillos, en mis noches, en mis sueños. Vencida por la certeza de no reencontrarme más nunca con olor a animal que late fuerte, contundente, único. Hoy, después de casi tres años, te dejo marchar, pero no te vas. Continúas aquí, custodiando mis pasos. Iluminando los pasillos oscuros de esta casa que te contiene. Afuera, tras los cristales, te veo correr libremente, masticar la hierba de los campos, maullar tu celo bajo la luna llena. Es posible que un buen día vuelvan a coincidir nuestras presencias en otra estancia distinta.
jueves, 11 de diciembre de 2008
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