No quiero que te vayas,
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.
viernes, 20 de marzo de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
Inicié este viaje para conjurar tu ausencia. Para intentar establecer un equilibrio entre mi dolor y tu recuerdo. Para salvarte de mi olvido imposible y no condenarte al perpetuo recuerdo. Inicie este camino ya cansada de buscarte en mis pasillos, en mis noches, en mis sueños. Vencida por la certeza de no reencontrarme más nunca con olor a animal que late fuerte, contundente, único. Hoy, después de casi tres años, te dejo marchar, pero no te vas. Continúas aquí, custodiando mis pasos. Iluminando los pasillos oscuros de esta casa que te contiene. Afuera, tras los cristales, te veo correr libremente, masticar la hierba de los campos, maullar tu celo bajo la luna llena. Es posible que un buen día vuelvan a coincidir nuestras presencias en otra estancia distinta.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Me pareció ver tu rastro en otro gato.
Hermoso animal de mirada oceánica.
Trasto glotón,
cachorro tierno.
Me pareció reconocer tu aliento
en su aliento dormido
sobre mis piernas un rato.
Y lo acaricié ávida
por volver a sentir
tu ronroneo, tu redonda
barbilla entregada a la caricia.
Se llama Orso, no Mo
pero algo de ti
reconoció mi alma.
Hermoso animal de mirada oceánica.
Trasto glotón,
cachorro tierno.
Me pareció reconocer tu aliento
en su aliento dormido
sobre mis piernas un rato.
Y lo acaricié ávida
por volver a sentir
tu ronroneo, tu redonda
barbilla entregada a la caricia.
Se llama Orso, no Mo
pero algo de ti
reconoció mi alma.
martes, 9 de diciembre de 2008
martes, 4 de noviembre de 2008
Mariposas y sapos
Cuando regresé del sur me esperaba otro sur distinto.
En mi estómago sentía volar las mariposas. Mis ojos se iluminaron con un brillo extraño y nuevo semejante a un serena tempestad. Anduve sola. No había huellas que seguir, sólo un paisaje imaginario qaue no me dolió pintar. Lleno de curvas, humedades, lleno de jeroglíficos tatuados en la piel.
Semanas después, ignoro porque extraña metamorfosis, las mariposas se transmutaron en sapos. Los oigo cantar noche y día. Y como es tiempo de lluvias y tristezas, sus letanías me van calando los huesos, llenando mis estanques de abrazos que no tuve, de tu sueño tan breve, de la incertidumbre de no haberte amado nunca.
Y es inevitable que la gente me mire. Que a mi paso los ojos ausentes de la gente recalen en ni paso. A veces no puedo remediarlo. Me giro y sonrió: "No son gases caballero, son los sapos que anuncian lluvias, soledades, tangos".
Qué he de hacer para aliviarlos. Intento disculparme. Explicarles que la naturaleza humana es así de miserable, chaquetera, ridícula.
Bebo agua para que naden a gusto.
Mis sapos cancioneros.
Hermosos.
Cautivos.
En mi estómago sentía volar las mariposas. Mis ojos se iluminaron con un brillo extraño y nuevo semejante a un serena tempestad. Anduve sola. No había huellas que seguir, sólo un paisaje imaginario qaue no me dolió pintar. Lleno de curvas, humedades, lleno de jeroglíficos tatuados en la piel.
Semanas después, ignoro porque extraña metamorfosis, las mariposas se transmutaron en sapos. Los oigo cantar noche y día. Y como es tiempo de lluvias y tristezas, sus letanías me van calando los huesos, llenando mis estanques de abrazos que no tuve, de tu sueño tan breve, de la incertidumbre de no haberte amado nunca.
Y es inevitable que la gente me mire. Que a mi paso los ojos ausentes de la gente recalen en ni paso. A veces no puedo remediarlo. Me giro y sonrió: "No son gases caballero, son los sapos que anuncian lluvias, soledades, tangos".
Qué he de hacer para aliviarlos. Intento disculparme. Explicarles que la naturaleza humana es así de miserable, chaquetera, ridícula.
Bebo agua para que naden a gusto.
Mis sapos cancioneros.
Hermosos.
Cautivos.
Claudicar y muriendo (Angeles Mora)
A rastras se te acerca
y te lame las piernas,
perro fiel, con sus ojos de agua,
y te tiende las manos,
y te pide socorro.
Y tú le miras
como un sol que se cae
sin poder detenerse,
y le tiñes de rojo,
y el pecho le traspasas
con tus ojas de cobre.
A rastras se te acerca,
asomado a una lágrima,
y una luz criminal
le muerde en el silencio.
Malherido,
dando vueltas,
aullando se estremece.
Tú, miserables,le acaricias,
mientras tu corazón está muy lejos.
(De Pensando que el camino iba derecho)
y te lame las piernas,
perro fiel, con sus ojos de agua,
y te tiende las manos,
y te pide socorro.
Y tú le miras
como un sol que se cae
sin poder detenerse,
y le tiñes de rojo,
y el pecho le traspasas
con tus ojas de cobre.
A rastras se te acerca,
asomado a una lágrima,
y una luz criminal
le muerde en el silencio.
Malherido,
dando vueltas,
aullando se estremece.
Tú, miserables,le acaricias,
mientras tu corazón está muy lejos.
(De Pensando que el camino iba derecho)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
