HASTA HACE poco tiempo uno se podía tropezar con tu paso alegre en cualquier calle de cualquier pueblo o ciudad. Llegabas normalmente solo, moviendo el rabo. Olisqueabas las bolsas de basura, marcabas tus esquinas, te parabas en los portales abiertos donde los niños jugaban para contagiarte con su risa de buenos augurios con los que combatir el hambre. Todos te conocían. Eras el canelo, el sato, el callejero. El que acompañaba siempre a doña Juana hasta la puerta de su casa. El que se apostaba a los pies de Andresito el “borrachín” para velar su sueño. El que ladraba cuando los extraños irrumpían en la plaza del barrio con su desasosiego. El que presentía la muerte de los otros. El que primero recibía la pedrada.
El destino de tus noches y tus días no se dejaba amarrar a un extensible ni tenían dueño tus afectos, regalados sin usura a los que, como tú, nada tenían.
Ahora pareces extinguido. No hay rastro de tu huella en mi mundo. Te han exiliado de las calles de estas islas y te han cambiado el nombre. Poco a poco te han convertido en un triste “animal de compañía” por el que nadie paga y al que muchos abandonan como a un trasto que no sirve. Tú, sato, canelo, querido callejero, permaneces en las perreras (ahora refugios) a la espera de que alguien sepa leerte el alma.
Mientras, nosotros, los humanos, nos llenamos la boca y hablamos de derechos, incluso de los tuyos. Pero cuentan que hace dos semanas un hombre tiró a la “mascota” de su novia por un puente, aquí, en Santa Cruz, cerquita del antiguo cine Greco. Cuentan que esa “mala bestia” se subió luego tranquilamente a una guagua. Cuentan que los aullidos del pobre animal agonizante se prolongaron toda la noche y que nadie, nadie, acudió.
jueves, 30 de abril de 2009
jueves, 23 de abril de 2009
Abril
Abril la hemos llamado.
Querido Mobutu, Ana y yo tenemos en casa un trasto peludo de dos meses que se antoja va a ser más cafre que tú. Por lo pronto, sólo lleva un día con nosotras, pero creo que se va a quedar. Es excesivamente mimosa. Ya sabes, la separaron de su madre, y su antigua dueña, que al parecer la quería mucho, tuvo que elegir entre ella y su pareja. Cosas de humanos. Inexplicables. Pero bueno, el azar no las ha traído. El azar y Ana, que la escondió bajo la manta del sofá y me dio una sorpresa, ella, la más reticente a tener un nuevo animal después de ti.
Espero que estés donde estés nos eches un mano con esta "panchita". Ojalá sepamos cuidarla, porque quererla, ya la queremos. Tú nos enseñaste muy bien. Nos abriste el corazón de par en par. Te queremos. Siempre.
Querido Mobutu, Ana y yo tenemos en casa un trasto peludo de dos meses que se antoja va a ser más cafre que tú. Por lo pronto, sólo lleva un día con nosotras, pero creo que se va a quedar. Es excesivamente mimosa. Ya sabes, la separaron de su madre, y su antigua dueña, que al parecer la quería mucho, tuvo que elegir entre ella y su pareja. Cosas de humanos. Inexplicables. Pero bueno, el azar no las ha traído. El azar y Ana, que la escondió bajo la manta del sofá y me dio una sorpresa, ella, la más reticente a tener un nuevo animal después de ti.
Espero que estés donde estés nos eches un mano con esta "panchita". Ojalá sepamos cuidarla, porque quererla, ya la queremos. Tú nos enseñaste muy bien. Nos abriste el corazón de par en par. Te queremos. Siempre.
viernes, 20 de marzo de 2009
La voz a ti debida (Pedro Salinas)
No quiero que te vayas,
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.
jueves, 19 de febrero de 2009
Inicié este viaje para conjurar tu ausencia. Para intentar establecer un equilibrio entre mi dolor y tu recuerdo. Para salvarte de mi olvido imposible y no condenarte al perpetuo recuerdo. Inicie este camino ya cansada de buscarte en mis pasillos, en mis noches, en mis sueños. Vencida por la certeza de no reencontrarme más nunca con olor a animal que late fuerte, contundente, único. Hoy, después de casi tres años, te dejo marchar, pero no te vas. Continúas aquí, custodiando mis pasos. Iluminando los pasillos oscuros de esta casa que te contiene. Afuera, tras los cristales, te veo correr libremente, masticar la hierba de los campos, maullar tu celo bajo la luna llena. Es posible que un buen día vuelvan a coincidir nuestras presencias en otra estancia distinta.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Me pareció ver tu rastro en otro gato.
Hermoso animal de mirada oceánica.
Trasto glotón,
cachorro tierno.
Me pareció reconocer tu aliento
en su aliento dormido
sobre mis piernas un rato.
Y lo acaricié ávida
por volver a sentir
tu ronroneo, tu redonda
barbilla entregada a la caricia.
Se llama Orso, no Mo
pero algo de ti
reconoció mi alma.
Hermoso animal de mirada oceánica.
Trasto glotón,
cachorro tierno.
Me pareció reconocer tu aliento
en su aliento dormido
sobre mis piernas un rato.
Y lo acaricié ávida
por volver a sentir
tu ronroneo, tu redonda
barbilla entregada a la caricia.
Se llama Orso, no Mo
pero algo de ti
reconoció mi alma.
martes, 9 de diciembre de 2008
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